Título: Seismic Morality
Autor: Richard S. Levine
Tema: Ciencia Ficción
Año de publicación: 2008
Día terminado: Abril 12, 2008
Idioma leído: Inglés
Publicado en Ray Gun Revival #38
Estamos ante el primer predictor sísmico del mundo, quien de pronto, puede predecir un terremoto de al menos 8 grados en la escala de Richter, que debe producirse en las siguientes 25 horas. Cuando ni los gobernantes ni los medios le hacen caso, con temor de producir pánico y después quedar en ridículo si el sismo no ocurre, recurre al único método que le queda: el sentimentalismo político a través de internet, creando un refugio en su centro de investigaciones.
La historia no es especialmente imaginativa ni novedosa, y sin embargo yo opino que podía haber dado mucho jugo de haber sido escrita adecuadamente. Varios errores técnicos hicieron que la historia se perdiera para mí. En primer lugar, ante sólo un pedazo de información ("se aproxima un terremoto de al menos 8 grados en las próximas 24 horas") el doctor logra de pronto, y sin consultar ningun dato, decir que la probabilidad de tener un sismo de más de 7 grados en pocas horas es mayor al veinte por ciento.
Cosas así ocurren también cuando habla con los medios. Intentando darse credibilidad, dice al reportero que lleva años prediciendo sismos con treinta segundos de anticipación pero, ¿desde cuándo puede predecirlos más de un día antes del evento? Ese gran salto no se da por si sólo, simplemente jugando con la computadora; y tener tal certeza requiere mucho tiempo de experimentos y análisis de datos.
Por supuesto, el sentimentalismo excesivo en el mensaje de advertencia, que sólo me recuerda a una campaña política, no hace mucho por provocar mi gusto ante el texto y mucho menos por darle vida. Al final todo es bueno, y todos son felices, haciendo lo que todos siempre hacen.
Detalles agradables es que el autor no necesita inventar tecnología para su historia (como muchos otros autores de ciencia ficción hacen) excepto por el detector de sismos. Toda la historia se desarrolla en un mundo actual, donde la conección a internet es prácticamente ubicua, y existen lectores RSS, páginas para subir videos (sí, ¡el autor incluso menciona YouTube!) y demás.
Mi nota: regular.